Hay situaciones que no podemos cambiar. Una enfermedad, una separación, un problema laboral o cualquier otra circunstancia inesperada puede obligarnos a replantearnos quiénes somos, qué queremos y cómo imaginábamos nuestro futuro.
Para Christian Garcia, afrontar la adversidad no significa negar lo sucedido ni mantener una lucha permanente contra aquello que no podemos modificar. Su propuesta pasa por algo diferente: aprender a convivir con las nuevas circunstancias y recuperar progresivamente el control de nuestra propia vida.
A partir de su experiencia personal con una enfermedad visual degenerativa, el periodista y comunicador desarrolló lo que denomina teoría de la Triple A: Aceptación, Actitud y Adaptación.
Tres conceptos que pueden aplicarse mucho más allá de su propia historia.
¿Quién es Christian Garcia?
Christian Garcia Montagut es periodista y comunicador. Durante buena parte de su trayectoria profesional desarrolló su carrera en medios de comunicación hasta que una enfermedad de Stargardt, que afecta progresivamente a su visión, cambió sus circunstancias personales y profesionales.
Ese cambio le obligó a replantearse muchas de las actividades que habían formado parte de su vida hasta entonces.
Pero uno de los aprendizajes que comparte es precisamente dejar de pensar constantemente en quién eras para empezar a preguntarte quién quieres llegar a ser a partir de ahora.
No se trata de borrar la vida anterior, sino de construir sobre ella.
Garcia lo plantea como la entrada en una segunda vida sin necesidad de enterrar la primera.
Afrontar la adversidad no significa luchar constantemente contra ella
Cuando llega una adversidad importante, nuestra primera reacción puede ser intentar combatirla.
Preguntarnos por qué ha ocurrido, buscar una explicación o pensar una y otra vez cómo sería nuestra vida si aquello no hubiera sucedido.
Sin embargo, hay circunstancias que no pueden revertirse.
Para Christian Garcia, llega un momento en el que continuar luchando contra esa realidad puede impedirnos avanzar. Pactar con la adversidad significa reconocer que forma parte de nuestra situación actual y decidir qué podemos hacer a partir de ahí.
La diferencia está en cambiar el foco.
No podemos controlar todo lo que ocurre, pero sí podemos trabajar sobre nuestra respuesta, nuestros próximos objetivos y la forma en la que nos relacionamos con las nuevas circunstancias.
El tiempo no lo cura todo, pero acompaña
Otra de las ideas que recorre la reflexión de Christian Garcia es nuestra relación con el tiempo.
Decir que “el tiempo lo cura todo” puede simplificar procesos que son mucho más complejos.
El tiempo no elimina necesariamente aquello que nos ha sucedido. Pero sí puede proporcionarnos espacio para reflexionar, asimilar, llorar y empezar a comprender una nueva realidad.
No todos los procesos necesitan la misma duración.
En ese tiempo también podemos comenzar a plantearnos objetivos. Algunos serán pequeños y estarán vinculados al día a día. Otros tendrán un recorrido mucho más largo.
Lo importante no es que sustituyan inmediatamente aquello que hemos perdido, sino que nos permitan volver a avanzar.
La teoría de la Triple A: Aceptación, Actitud y Adaptación
De su propia experiencia, Christian Garcia desarrolla una herramienta para afrontar la adversidad que denomina teoría de la Triple A: Aceptación, Actitud y Adaptación.
Las tres A no funcionan como ideas independientes, sino como partes de un mismo proceso.
1. Aceptación: dejar de preguntarnos “¿por qué a mí?”
Aceptar una adversidad no significa que nos guste lo que ha ocurrido ni que tengamos que resignarnos.
Significa reconocer la realidad.
En esta primera fase, Garcia plantea la importancia de abandonar progresivamente preguntas como “¿por qué me ha tocado a mí?”, dejar de atribuirlo todo a la mala suerte y evitar quedar atrapados en la búsqueda de culpables.
La pregunta empieza a cambiar.
En lugar de mirar exclusivamente hacia aquello que ha sucedido, podemos empezar a preguntarnos qué podemos hacer ahora.
La aceptación no elimina la dificultad. Nos permite empezar a trabajar con ella.
2. Actitud: cambiar el foco
La segunda A es la actitud.
Una vez aceptada la realidad, podemos decidir desde dónde queremos afrontarla.
Esto no implica mantener permanentemente una actitud positiva ni ignorar emociones como la tristeza, la frustración o el miedo.
Tiene que ver con la voluntad de cambiar el foco.
Christian Garcia diferencia en este punto entre ver y mirar. Ver puede ser simplemente percibir lo que tenemos delante. Mirar implica dirigir nuestra atención de manera consciente hacia aquello que queremos observar.
Podemos mirar únicamente lo que hemos perdido o empezar a detectar también las posibilidades que siguen existiendo.
Las circunstancias son las mismas. Lo que cambia es nuestra manera de relacionarnos con ellas.
3. Adaptación: aprender a vivir con una nueva realidad
La tercera A es la adaptación.
Después de aceptar lo ocurrido y trabajar nuestra actitud, llega el momento de reconstruir determinadas partes de nuestra vida alrededor de las nuevas circunstancias.
En el caso de Christian Garcia, la pérdida progresiva de visión modificó tareas que habían formado parte de su día a día.
Adaptarse no significa necesariamente renunciar a ellas.
Puede significar aprender a hacerlas de otra manera. Esta capacidad de adaptación al cambio también implica comprender que nuestros objetivos pueden evolucionar cuando las circunstancias dejan de ser las mismas.
Este proceso puede aparecer después de una separación, ante una nueva situación en el mercado laboral, tras recibir el diagnóstico de una enfermedad grave o cuando una persona tiene que comenzar una nueva vida en otro país.
Las circunstancias son diferentes, pero la pregunta es parecida:
¿Cómo construyo mi vida a partir de la realidad que tengo ahora?
Superar obstáculos a través de pequeños objetivos
Ante una adversidad importante, pensar únicamente en el resultado final puede hacer que el reto parezca inalcanzable.
Por eso los objetivos pueden convertirse en una herramienta para recuperar dirección. Un objetivo no tiene que transformar nuestra vida de un día para otro.
Puede consistir simplemente en superar el reto que tenemos delante hoy.
Cada pequeño logro se convierte así en un nuevo peldaño dentro de un proceso de superación personal más amplio.
Cuando esos pequeños avances empiezan a acumularse, también cambia nuestra percepción sobre lo que somos capaces de hacer.
Ya no pensamos solamente en aquello que hemos perdido, sino también en aquello que hemos conseguido construir desde entonces.
Encontrar un nuevo propósito de vida
Una adversidad también puede obligarnos a revisar los objetivos que habíamos dado por seguros.
Eso no significa que nuestra vida anterior deje de tener valor. Christian Garcia habla de avanzar hacia una nueva etapa sin enterrar la anterior.
Las experiencias, conocimientos, relaciones y aprendizajes continúan formando parte de nosotros. Sobre ellos podemos construir un nuevo propósito de vida adaptado a nuestras circunstancias actuales.
La pregunta deja de ser únicamente quién fui.
Empieza a ser:
¿Quién quiero llegar a ser ahora?
Ese cambio de perspectiva permite que una situación que inicialmente parecía únicamente una pérdida pueda convertirse también en el origen de nuevas metas.
Aprender a convivir con nuestras contrariedades
No todas las adversidades son extraordinarias.
También convivimos diariamente con contrariedades mucho más pequeñas: planes que no salen como esperábamos, errores, rechazos, cambios profesionales o situaciones sobre las que tenemos poco control.
Esas experiencias también pueden servir para aprender a gestionar la incertidumbre y afrontar mejor aquello cuyo resultado no depende completamente de nosotros.
No se trata de buscar problemas ni de convertir cualquier dificultad en una gran lección.
Se trata de comprender que las contrariedades forman parte de la vida y que podemos desarrollar herramientas para convivir con ellas sin permitir que determinen todas nuestras decisiones.
Las personas que nos acompañan también forman parte del proceso
La Triple A no plantea la superación como un proceso exclusivamente individual. Las personas que nos acompañan pueden ser decisivas cuando atravesamos un momento difícil.
Familia, amigos, compañeros o cualquier persona con la que establezcamos una conexión significativa pueden ayudarnos a mirar la situación desde perspectivas diferentes. Contar con apoyo emocional también puede formar parte del proceso de adaptación cuando nuestras circunstancias cambian.
Y esa relación funciona en ambas direcciones.
Cuando conseguimos sentirnos mejor, también podemos relacionarnos de otra manera con quienes están a nuestro alrededor. Del mismo modo, el apoyo de otras personas puede ayudarnos a encontrar fuerzas, ideas o perspectivas que por nosotros mismos no habíamos encontrado.
Conectar también significa permitir que otros formen parte de nuestros procesos de cambio.
La tecnología es clave en el proceso de adaptación
En el proceso de adaptación de Christian Garcia, la tecnología ha tenido un papel fundamental. Él mismo la define como una especie de “familia adoptiva”: cuando una parte de su vida cambió debido a la pérdida progresiva de visión, encontró en las herramientas tecnológicas nuevas formas de seguir haciendo muchas de las cosas que ya formaban parte de su día a día.
La audiolectura, por ejemplo, le permite continuar leyendo. Las aplicaciones de navegación le ayudan a desplazarse de un punto a otro de una ciudad y la inteligencia artificial puede facilitarle tareas tan cotidianas como identificar el color de un semáforo.
No se trata necesariamente de recuperar exactamente la forma en la que hacía antes las cosas, sino de descubrir nuevas maneras de hacerlas.
En ese sentido, la tecnología también forma parte de la adaptación: permite encontrar soluciones ante determinadas limitaciones y ganar autonomía frente a circunstancias que no podemos cambiar.
Christian Garcia compara este proceso con aprender un nuevo idioma.
Cuanto antes empezamos a comprender ese nuevo lenguaje, más posibilidades tenemos de adaptarnos a la situación.
En su caso, la tecnología y la inteligencia artificial se han convertido en parte de ese aprendizaje. No eliminan la adversidad, pero sí proporcionan recursos para convivir con ella y recuperar capacidades de otra manera.
La idea conecta directamente con la tercera A de su teoría: adaptarse no es renunciar a lo que hacíamos, sino aprender cómo podemos seguir haciéndolo desde una realidad diferente.
Descubre más sobre cómo afrontar la adversidad
¿Qué relación existe entre resiliencia y adversidad?
La resiliencia es la capacidad de afrontar situaciones difíciles y seguir adaptándonos cuando nuestras circunstancias cambian. No implica que una adversidad deje de afectarnos, sino encontrar recursos para responder a ella, asumir los cambios necesarios y continuar avanzando sin negar las emociones que forman parte del proceso.
¿Cómo podemos gestionar la incertidumbre cuando nuestra vida cambia?
No siempre podemos anticipar lo que ocurrirá después de una situación difícil. Centrarnos en aquello sobre lo que sí tenemos capacidad de decisión, establecer objetivos alcanzables y aceptar que algunas respuestas necesitan tiempo puede ayudarnos a convivir con esa incertidumbre mientras construimos una nueva etapa.
¿La superación personal consiste en volver a ser quien éramos antes?
No necesariamente. Después de una adversidad, recuperar exactamente nuestra vida anterior puede no ser posible o incluso dejar de ser nuestro objetivo. La superación personal también puede consistir en integrar lo vivido, adaptar nuestras metas a las nuevas circunstancias y decidir quién queremos llegar a ser a partir de ellas.