“Estar solo no es lo mismo que sentirse solo”. Podemos elegir pasar tiempo con nosotros mismos y disfrutarlo, pero también podemos sentirnos solos incluso estando rodeados de personas.
Esta diferencia es uno de los puntos de partida de Elizabeth Clapés al hablar sobre la soledad no deseada, un sentimiento que puede aparecer en diferentes momentos de nuestra vida y que no depende únicamente del número de personas que tengamos alrededor.
La psicóloga, escritora y creadora de contenido reflexiona en Mejor Conectados sobre por qué necesitamos relacionarnos con otras personas, cómo cambian nuestras conexiones a medida que crecemos y qué podemos hacer para generar espacios en los que conocer gente y fortalecer nuestros vínculos.
¿Quién es Elizabeth Clapés?
Elizabeth Clapés es psicóloga, escritora y creadora de contenido especializada en relaciones, autoestima y bienestar emocional. También es conocida en redes sociales como Esmipsicóloga, donde comparte contenidos relacionados con la psicología y las relaciones personales.
A través de sus libros, su podcast y sus diferentes canales aborda cuestiones como los vínculos afectivos, las rupturas, la dependencia emocional, el autocuidado o la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.
En su conversación con Mejor Conectados, Clapés pone el foco en la soledad no deseada y en una cuestión fundamental para entenderla: podemos estar acompañados y sentirnos solos, del mismo modo que podemos elegir estar solos sin experimentar ese sentimiento de aislamiento.
¿Qué es la soledad no deseada?
La soledad no deseada aparece cuando existe una diferencia entre las relaciones que tenemos y las que nos gustaría tener. No implica necesariamente estar físicamente solos: alguien puede tener familia, compañeros de trabajo o conocidos y, aun así, experimentar un profundo sentimiento de soledad.
Pasar tiempo a solas puede ser una decisión voluntaria y positiva. Podemos querer leer, viajar, pasear o simplemente tener un momento para nosotros. En ese caso hablamos de una soledad elegida.
El problema aparece cuando esa situación no responde a lo que queremos o necesitamos.
La soledad es, por tanto, una experiencia muy personal. Dos personas con una vida social aparentemente similar pueden percibir sus relaciones de manera completamente diferente.
Estar solo no significa sentirse solo
Tener muchas personas alrededor tampoco garantiza sentirse acompañado.
La calidad de nuestras relaciones, la confianza que tenemos con los demás o la posibilidad de compartir lo que nos ocurre pueden ser tan importantes como la cantidad de contactos que forman parte de nuestra vida.
Por eso, estar solo y sentirse solo son experiencias diferentes.
Podemos necesitar momentos de independencia y, al mismo tiempo, necesitar sentir que contamos con alguien. Las relaciones humanas cumplen un papel fundamental como espacio de apoyo, pertenencia y conexión.
Esta importancia de los vínculos también se analiza en la investigación sobre conexiones humanas de Mejor Conectados, que profundiza en la forma en la que las relaciones y la tecnología influyen en nuestra manera de conectar con los demás.
Y esas necesidades también van cambiando con nosotros.
¿Por qué nos cuesta más hacer amigos cuando somos adultos?
Uno de los aspectos sobre los que reflexiona Elizabeth Clapés es la dificultad que muchas personas encuentran para hacer nuevos amigos al llegar a la edad adulta.
Durante la infancia, el instituto o la universidad compartimos muchas horas con personas de nuestra edad. Tenemos clases, actividades y espacios en común en los que las relaciones pueden surgir de forma relativamente natural.
Cuando esa etapa termina, también desaparecen muchos de esos espacios.
Ya no conocemos necesariamente a personas nuevas cada día. Además, aparecen nuevas responsabilidades, horarios laborales diferentes, relaciones de pareja, mudanzas o cambios de ciudad.
El teletrabajo también puede reducir algunos encuentros cotidianos que antes se producían de manera espontánea.
Por eso, cuando alguien se siente solo, decir simplemente que tiene que “salir y conocer gente” puede resultar insuficiente. Como señala Clapés durante la conversación, “no es tan fácil”.
Para crear nuevas relaciones necesitamos lugares, momentos y situaciones que faciliten el encuentro con otras personas.
La soledad no deseada también afecta a los jóvenes
Aunque durante mucho tiempo la soledad se ha asociado principalmente con las personas mayores, también puede aparecer durante la adolescencia y la juventud.
En esas etapas, las amistades adquieren una gran importancia. Sentirse integrado en un grupo, compartir experiencias o encontrar personas con las que identificarse forma parte de nuestro desarrollo personal.
Pero no todo el mundo encuentra esas conexiones fácilmente.
Situaciones de rechazo, aislamiento o dificultad para integrarse pueden provocar que una persona joven se sienta sola aunque comparta diariamente espacios con compañeros de clase, universidad o trabajo.
Las redes sociales tampoco eliminan necesariamente este sentimiento. Estar permanentemente conectados no significa disponer de relaciones en las que realmente nos sintamos escuchados o acompañados.
Soledad no deseada en las personas mayores
El paso del tiempo también puede modificar nuestra red de relaciones.
Algunas personas mayores pierden amistades, familiares o parejas. Otras encuentran más dificultades para desplazarse o participar en determinadas actividades. Además, los hijos y otros familiares pueden tener sus propias rutinas, responsabilidades o vivir lejos.
Todo ello puede reducir las oportunidades de mantener una vida social activa.
Esto no significa que hacerse mayor implique necesariamente sentirse solo. Cada persona vive esta etapa de manera diferente.
Lo importante es disponer de oportunidades para mantener relaciones, participar en actividades y sentirse parte de un entorno. Un ejemplo es el trabajo de la Fundación Amigos de los Mayores contra la soledad no deseada, centrado en generar acompañamiento y vínculos con personas mayores.
Cómo combatir la soledad no deseada
No existe una única solución para dejar de sentirse solo.
Elizabeth Clapés pone el foco tanto en las decisiones individuales como en la necesidad de crear contextos que faciliten las relaciones.
- Una posibilidad es buscar actividades relacionadas con nuestros propios intereses. Practicar deporte, apuntarse a una clase, participar en asociaciones, asistir a actividades culturales o recuperar planes presenciales puede ayudarnos a coincidir de manera recurrente con otras personas.
- La repetición también importa. Las amistades no suelen aparecer de forma inmediata: necesitan tiempo, conversaciones y experiencias compartidas.
- Los entornos laborales pueden cumplir igualmente una función social. Incluso cuando se trabaja a distancia, generar momentos de encuentro presencial puede facilitar que las relaciones entre compañeros vayan más allá de una pantalla.
- La tecnología, además, no tiene por qué funcionar únicamente como sustituto de las relaciones presenciales. También puede ser un punto de partida.
Clapés explica en la conversación cómo, a través de sus propias redes sociales, personas que se sentían solas comenzaron a contactar entre sí y llegaron a crear grupos para realizar actividades juntas.
Una conexión digital puede terminar convirtiéndose en una conexión humana fuera de la pantalla.
También podemos mirar a las personas que ya tenemos cerca
Combatir la soledad no consiste únicamente en buscar nuevas relaciones. A veces también implica cuidar mejor las que ya existen.
Elizabeth Clapés cuenta durante la entrevista el caso de una amiga que organizó una celebración de cumpleaños a la que finalmente no acudió ninguno de sus invitados. Cada persona tenía sus propios motivos, pero el resultado para ella fue sentirse profundamente sola.
El ejemplo invita a pensar en nuestras relaciones desde otra perspectiva. No solo en cuándo necesitamos a otras personas, sino también en cuándo otras personas pueden necesitarnos a nosotros.
Responder a un mensaje, aceptar una invitación, proponer un plan o simplemente preguntar a alguien cómo está son gestos pequeños que ayudan a mantener vivas nuestras conexiones. Una idea relacionada con cómo cuidar nuestras relaciones y conexiones sociales, uno de los aspectos sobre los que reflexiona también Robert Waldinger en Mejor Conectados.
La importancia de sentirse conectado
Las relaciones humanas no se construyen únicamente cuando necesitamos ayuda. También nacen de compartir tiempo, intereses, conversaciones y experiencias.
Por eso, afrontar la soledad no deseada no depende exclusivamente de quien la experimenta. También requiere que existan entornos que favorezcan el encuentro y personas dispuestas a cuidar sus relaciones.
Elizabeth Clapés resume esta idea con una frase sencilla: “todo se hace en equipo”.
Estar conectados no significa simplemente tener personas alrededor. Significa encontrar relaciones en las que podamos sentirnos escuchados, acompañados y parte de algo.
Y también estar disponibles para hacer sentir así a los demás.
Descubre más sobre la soledad no deseada
¿Se puede sentir soledad aunque tengas amigos o pareja?
Sí. La soledad no depende únicamente de cuántas personas tengamos alrededor, sino de cómo percibimos nuestras relaciones. Una persona puede tener pareja, familia o amigos y sentir que le falta confianza, apoyo emocional o vínculos con los que compartir determinadas experiencias.
¿Cuál es la diferencia entre soledad no deseada y aislamiento social?
La soledad no deseada es una experiencia subjetiva: aparece cuando sentimos que nuestras relaciones no responden a nuestras necesidades. El aislamiento social, en cambio, se refiere a una situación más objetiva en la que una persona mantiene pocos contactos o interacciones sociales. Pueden aparecer juntos, pero no necesariamente.
¿Cuándo puede ser recomendable buscar ayuda si nos sentimos solos?
Cuando el sentimiento de soledad se mantiene en el tiempo, genera un malestar importante o empieza a afectar a nuestra rutina y bienestar, puede ser útil hablar con un profesional de la psicología. Pedir apoyo también puede ayudarnos a comprender qué necesitamos de nuestras relaciones y cómo empezar a reconstruir vínculos de una forma adecuada para cada situación.